Un vecino, amigo mío de generación arriba, me salvó la vida cuando evitó que un Volkswagen Sedán me atropellara, al sujetar la presilla trasera de mi pantalón con su dedo, (impidiendo así mi avance), justo en el momento en que me bajé de la banqueta y pasaba zumbando el coche.
Al compartir tu vida y tus pensamientos dejas un legado para todo el mundo.
#68: Cómo perdí la cinta de mi zapato.
Recuerdo que durante un retiro espiritual de fin de semana para jóvenes, llegó el momento de rezar el Via Crucis y no teníamos un crucifijo para encabezar al grupo de peregrinos; así que confeccionamos uno muy rústico con dos trozos de madera y la cinta de mi zapato.
#67: La vez que me sentí papalote.
Con un arnés bien apretado, pero salvando tus partes nobles, no dejas de correr hacia el bote que te estira hasta que tus pies ya no tocan la playa; después: te elevas, disfrutas el paseo, la vista, la brisa y el sol; al final desaceleran y tiras un poco de las cuerdas en la dirección en la que quieres descender...la altura no te da problema porque te sientes protegido por el paracaídas y el mar.
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